La memoria del útero

Después de la pérdida de un embarazo, aún cuando médicamente no quedan restos de ese embarazo, podemos quedar tan tocadas que en la memoria de nuestro cuerpo seguimos albergando a ese pequeño ser. No nos hemos despedido.

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El útero funciona de modo cíclico, depende de las hormonas que recibe para cumplir su función y es capaz de prepararse todos los meses , desde que alcanza su desarrollo adulto, para recibir un óvulo fecundado, un embrión que cobijará, alimentará y al que permitirá su desarrollo total. Y si esto no ocurre suleta todo lo que preparó para volvera empezar. Decimos que soporta las frustraciones. Él no puede manejar lo que no depende de él.

En este punto muchas veces las mujeres decimos ser diferentes de nuestro útero: no soportamos que las cosas no resulten según nuestros planes  aún cuando no dependen de nosotras. Otras mujeres nos negamos a aceptar que somos o que tenemos algo de cíclicas ó que seamos tan flexibles y adaptables como lo es nuestro útero ó que seamos capaces de desprendernos de aquello que cuidamos y dejamos crecer con tanto amor.

En muchos casos la dificultad para concebir, para llevar adelante un embarazo ó para comenzar a crear algo nuevo en nuestras vidas, tiene que ver con habernos saltado un duelo.  En lo que refiere al útero si inconscientemente seguimos aferradas a un embarazo frustrado, no estamos dejando espacio para lo nuevo, para una nueva gestación y concepción. Aunque el útero esté vacío no está disponible.

La descripción del útero, su capacidad de ser nutricio, de contener, de no aferrarse a lo que con tanto amor y eficiencia ha sido capaz de cuidar, su saber que esta hermosa tarea le tocará hacerla muy pocas veces, y en en algunos casos nunca, y que,  sin embargo algo de lo que él es define la maternidad. Su capacidad de aceptar las frustraciones  sin dolor y sin culpara a nadie y, especialmente manteniendo la capacidad de seguir siendo lo que es, es tal vez lo que hace la humanidad siga existiendo y compensa, en parte, las situaciones denigrantes a las que se ha sometido a las mujeres desde el patriarcado hasta nuestros días.

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SEXO Y MATERNIDAD por Monica Felipe Larralde Voy a ser políticamente incorrecta. Que conste que esto lo empezaron mis queridas Ileana, hablando de sexo, y María, que me dijo que había que hablar de la maternidad gozosa sin complejos. Les tomo la palabra. Sé que hay mujeres que tienen una maternidad frustrada y frustrante, llena de renuncias y dolor, rencor y soledad. Después de cinco años dedicada a acompañar a madres en sus procesos me he dado cuenta de que la maternidad es subjetiva y está hecha de experiencias presentes y pasadas. Me explico mejor. La maternidad es como la sexualidad. Si tú no gozas con el sexo (y no has gozado nunca) es harto improbable que puedas comprender a otra mujer que le gusta tener sexo. No podrás ni plantearte que las mujeres deseen tener sexo. Que muchas mujeres quieran tener mucho sexo te puede parecer de locas. Quizá pienses que las mujeres que tienen sexo, lo hacen porque están sometidas a la pareja y ellas no encuentran ninguna satisfacción haciéndolo, que el hecho de tener sexo es un acto retrógrado y machista. ¿Te lo imaginas? Pues con la maternidad pasa lo mismo. Nos acusan de machistas o retrógradas a las que disfrutamos de nuestra maternidad, porque para muchas mujeres no es fácil comprender que se encuentre placer (también sensual y sexual) en el embarazo, parto y crianza de nuestros hijos. Si nunca se ha sentido el placer de esa entrega, si no se ha traspasado la delicada dulzura y la fuerza, el poder y la sabiduría de la maternidad, es muy difícil de explicar que una quiera y le satisfaga estar en contacto con sus criaturas. La naturaleza es sabia y ha decidido (inmejorable elección) que sea a través del placer sensual y emocional que se garanticen los cuidados del pequeño. Que muchas mujeres accedan a esta experiencia desde el dolor, en vez de desde el placer, es lo que deberíamos mirar. Damos por sentado en esta sociedad que una mujer que no goza del sexo puede tener un problema físico o psicológico que puede solucionarse, o una pareja o unas circunstancias que no son las adecuadas. Sin embargo, cuando se toca la maternidad, en vez de procurar cuidados para la mujer y un mejor entorno para ver qué está sucediendo, las madres nos dedicamos a hacer ideología del fracaso (a veces casposa) o a señalarnos con el dedo. Estoy convencida de que detrás de una mujer que no ha gozado su maternidad, hay algún asunto pendiente: quizá las circunstancias del nacimiento no fueron las adecuadas, o no se deseó esa maternidad (este es el primer mandamiento del buen sexo, que nazca del deseo, no de la imposición (ni siquiera de los propios debería)), o esa mujer se quedó sola sin apoyos, o se desconectó del sentir para que no le doliera el alma y no tuvo acompañamiento, o le faltó sostén económico o emocional, o su pareja estaba en crisis o hizo las cosas que se esperaba de ella, en vez de lo que sentía o se arrepintió... Ahora encontramos también a madres que se arrepienten de haber caído un camino maternal que no era el suyo, el de la crianza con apego. Se quejan de que esa corriente de crianza respetuosa las dejó vacías y las convirtió en una sombra irreconocible, siempre dispuesta a dar, siempre renunciando. Y las comprendo. Porque la verdadera crianza que respeta a la crías, respeta a las madres. Pretender funcionar desde la lógica de los escritos, aplicar métodos y sostener ideologías en la crianza es como fingir los orgasmos. Nos quedamos agotadas y sufrimos. Creo que vivir con un libro de instrucciones bajo el brazo es un inmenso error. Creo en las mujeres que se escuchan y actúan con sus hijos desde su sabiduría interior (aunque a veces se equivoquen), en las madres que conectadas con sus bebés les escuchan y atienden porque a ellas también les da placer amamantar, dormir abrazadas o sostener a la cría; no porque lo diga el último libro de moda. Y no me malinterpretes, no estoy diciendo que la maternidad sea caramelo y sonrisas todo el tiempo. Como los buenos amantes te llevará de un estado a otro, con mayor o menor intensidad y encontrarás multitud de sensaciones nuevas (algunas incómodas) y partes de ti que no habías conocido antes. Pero, como cuando estás con un buen amante, no querrás estar en otro lugar. Hay tantas maneras de ser madres como mujeres hay en la tierra, pero me da miedo comenzar a normalizar en la maternidad lo que en otros ámbitos señalaríamos como patológico o extraño. Me gustaría dejar atrás esas visiones almibaradas de puntillas y lacitos porque en nada se ajustan a la maternidad. La maternidad es un estado salvaje, poderoso, sexual y creativo que lo arrasa todo. Y si llegamos a la maternidad con muchas cuestiones vitales pendientes, puede ser un revolcón intenso y doloroso. Lo que no implica que no se pueda disfrutar de la maternidad, incluso en momentos de crisis intensas. Sobre todo, si tenemos la capacidad de distinguir la felicidad de la comodidad. Como en el parto, una no puede más que entregarse al momento, disfrutarlo, hacerse a un lado para que se produzca el milagro que hace que después del nacimiento del niño, renazca la mujer que lo parió con los pies plantados en la tierra y los brazos alzados al cielo. En ese espacio, cabe la Vida en mayúscula y la mujer que lo sostiene conoce, al fin, su valía y poder. Igual que deseo que todas las mujeres del planeta gocen de la mejor vida sexual posible, desearía que todas nosotras fuésemos capaces de criar en el gozo y el placer. Porque no he encontrado nada más subversivo, libertario y revolucionario que el amor salvaje de "la madre mamífera" a sus crías. Porque no hay estamento, sistema ni ideología que se resista a la fuerza arrolladora de una madre dispuesta a sentir placer; a ser, por fin, ella misma. Mónica Felipe Larralde estudiosobreelutero.blogspot.com.es/2014/05/sexo-y-maternidad.html Imagen Aleah Chapin - Artist* *Una vez más tenemos que auto-censurarnos para que dejen de bloquearnos la página por mostrar pezones y vulvas. Preferimos tapar lo que no nos dejan mostrar y dejar la imagen que sentimos ilustra perfectamente el texto, que lo potencia, y que se vea lo rídiculo (y violento!) de la censura a nuestros cuerpos; a tener que cambiarla por una imagen "permitida".

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